jueves, 27 de octubre de 2016

Crónica de mi regreso

Hace  dos fechas que no iba al Portón de Núñez, hace casi tres semanas que no veía a los de La Solidaria o hacía algo de actividad física como para decir que no estuve parado igual que el Pocho Lavezzi, encima el tránsito estaba terrible e hizo que llegue muy justo. Corrí las dos cuadras desde el auto hasta las canchitas con la idea de pre calentar, pero el reloj me jugaba en contra y el día de lluvia supongo que hizo que la cancha 1 este libre, así que nada frenaba la ansiedad de jugar.

Entró, saludo a los que estaban y empiezo a ponerme las vendas en los tobillos, la verdad me hacen diferencia en el tobillo derecho que esta debilitado hace como una década. Mientras tanto escuchaba y veía a los chicos, estaba JP, Nick y Pit con la camiseta del Saint Francis hablando con Des y el Pela que estaban con remeras negras, al parecer ellos eran el equipo rival y los únicos que estaban con la del Niupi a parte de mi eran K y Tom, nos faltaba medio equipo y la cancha estaba ahí lista para ser jugada.
Todos fueron para la cancha y yo seguía con las putas vendas que entre la aceleración y la bronca del tráfico me las estaba poniendo para el orto, ahí llegó el Chino con la casaca del Niupi, solo faltaba uno. Entre a calentar con todos y en seguida llegó Luis, con él podíamos decir “Hay equipo”. Me tuve que volver a poner la venda porque no aguanté ni el calentamiento.

Arrancamos, ya el momento tan esperado en la semana estaba sucediendo y se notaba en el humor feliz de todos, a la cancha solo entra la felicidad de jugar con los pibes, el resto queda afuera, los temas de la vida no pasan la mística línea blanca de tiza, una especie de símbolo pagano para poder realizar tranquilamente el ritual del futbol, la pasión que ello conlleva. La cosa estaba pareja, ambos equipos tenían jugadores que aportaban para que su equipo gane, éramos rivales dignos los dos. Empecé jugando atrás, tranqui, no había estirado nada y estuve como 20 días parado, no quería no poder llegar al final del partido.

Por suerte nosotros teníamos a Luis que se suele posicionar de lateral izquierdo, frenando los contraataques rivales y picando rápidamente al arco contrario desplayando juego bonito, tiros fuertes y movilidad al equipo, él se encargó de hacer el primero, de darnos el grito inicial. El partido seguía y mi espalda ya no daba más, me dolía todo, por qué mierda no llegue a estirar bien? Encima ellos nos atacaban con el Pela, JP y Nick dando potencia y un ritmo alto del cual yo no estaba a la altura. Estaba agotado y esto recién iniciaba. Estaba decidido de ir a pedir el cambio de arquero a K pero justo en uno de los ataques del SF un centro mal puesto de alguien hizo que la pelota vaya a mi cabeza y cuando estaba apunto de cabecear apareció el Pela con toda la garra para pelearla, pero lamentablemente chocó contra mi que estaba con ambos pies en la tierra salió rebotado como pelota de tennis contra el frontón, en su caída se dobló el pie muy feo. Con mucho dolor tuvo que salir de la cancha y yo salí con él para emparejar el partido, de paso aproveche para estirar y sacarme la puta venda mal puesta.

Mientras estaba ahí afuera vi a mi equipo jugar a los toques cortos, prolijos, dinámicos, espectaculares, para mi eran el Barsa argento, un lujo de futbol. En eso viene nuestro segundo gol, les estaba yendo muy bien sin mi, y por suerte/mala suerte uno de los referentes de ellos estaba ahí conmigo, los FC se perdían la velocidad y desequilibrio del Pela. Al rato él estaba listo para re ingresar. Le pedí esta vez a K ir al arco, entre el previo tirón y que me enfríe dudaba mucho de mis músculos.

El partido estaba parejo, tuve un par de intervenciones salvadoras y nosotros también tuvimos nuestros ataques lindos. Cuando estaba ahí llegó el gol de la fecha, un centro cruzado de K hacía Tom que entraba en el área finalizó en un golazo de cabeza al ángulo donde el arquero no tenía nada que hacer. Íbamos solo 3 arriba pero para mi estábamos infinito arriba cuando veía lo bien que jugaban mis compañeros.

Ellos igual no bajaban los brazos y nos atacaban con todo, el palo salvó algunas. Pero estábamos jugando bien, estaba tan confiando en mis compañeros que me atreví a salir del arco y pararme casi a media cancha para despejar los pelotazos de contraataque de ellos ya que en velocidad nos ganaban, y muchas veces sirvió. Pero todo lo bueno también termina y me hicieron un gol.

A pesar de que mi actuación como arquero no había sido mala no podía ser que mi mayor aporte al partido fuese haberle atajado un golazo seguro a Pit, frustrándolo con la vida, y mucho menos si había pagado 100 mangos para estar ahí, era hora de jugar, era hora de salir del arco. Pido el cambio y Luis se posiciona debajo del travesaño mientras me indica que vaya arriba que mis goles de media distancia eran los más lindos.

La espalda, la vejez, el sobrepeso, eran todas las razones por lo cual mi aporte futbolístico se tiene que limitar a uno de los dos campos, o defiendo en el propio o me pongo de atacante. Por suerte tenía un equipazo a tras mío, con Tom que daba juego, movilidad y recuperación, el Chino que es todo, muchísima velocidad, todo el espíritu, recuperación, un mediocampista de primera, K nos daba un defensa sólida, centros buenísimos y recuperación, Luis estaba en el arco pero no dejaba de brindarnos su velocidad al ataque, su seguridad en la defensa, los pases cortos rápidos y precisos, su empuje. Con ellos a mi espalda sabía muy bien que mi tarea era darles todo lo que podía y esa fue mi propuesta.

No pasó mucho tiempo hasta que tuve mi oportunidad de patear por primera vez en el partido al arco, un tiro precioso, fuerte, casi al ángulo, pero Pit me devolvió la gentileza y con toda la altura me lo atajó. Estaba parejo, realmente parejo, JP me anticipaba todas las pelotas, recuperaba, picaba como un tractor con un tanque de nitrógeno en el orto, además Nick aportaba inteligencia, pases y control, Des aportaba muchísimo en la recuperación y en el armado del ataque, el Pela a pesar del tobillo seguía siendo desequilibrante y metiendo empuje, por último Pit, espíritu del SF aportaba pases y ataque.

No se cómo, ni me acuerdo nada, logré gracias a la recuperación de mi equipo y sus jugadas meter la pelota en el arco. Ponía mi primer aporte ofensivo, estaba en camino de cumplir con mi parte. A pesar de que no podía correr mucho y mucho menos bajar, traté de presión arriba empujando al error, o anticipando los pases o quitando desde atrás. A veces lo logré, pero quería más y JP no dejaba que toque una pelota, lo único bueno es que lo mantenía lejos de mi arco. En un córner le digo a Tom que JP me esta haciendo la personal, que cuando ataque yo me lo llevo para un costado y vaya para el otro lado, y así lo hizo y las oportunidades seguían apareciendo. Esto hizo que JP me suelte la correa y me de espacio, pero Nick me sacó una, el palo varias a Tom, la puntería varias a Luis. Y tras una consecutiva de rebotes logre hacer un tiro despacito abajo pegado al palo y entró, estábamos 5 a 1 y Luis me decía que lo que quería era pasarlo como goleador. Los goles me gustan y como no rindo mucho por mi falta de condición física si no logro hacer muchas asistencias o goles siento que no aporte nada al equipo.

El partido seguía y ellos no lo iban a ceder, ya había sonado mi alarma de las 22 para el antibiótico que generó una especie de entretiempo. Ellos empezaron a empujar y a moverla cerca de nuestro arco, nuestro cansancio se notaba, ya estábamos aflojando en la defensa y yo trataba de bajar, pero pasaba más tiempo ver moverse la pelota adelante mío. Así ellos lograron acercase a dos goles, amenazaban con el empate. Si hubieran estado más certero al patear lo hubiesen hecho, pero parece que el espíritu de Benny Hill a veces los poseía.

Aunque mis asistencias no eran muy prolijas, a veces lograba meter una que otra buena, y por suerte de una excelente asistencia a mi pude meter el sexto gol y mantener la diferencia. El partido parecía tener un final obvio pero el SF con mucho huevo no iba a dejar las cosas así, aunque el cansancio estaba castigando a todos, y yo trataba de bajar un poco más para apoyar al Niupi. Ellos seguían amenazando, nosotros estábamos aflojando, y en un error de ellos logró recuperar un pelota solo en frente del arco y clavó un zurdazo al palo a mi derecha y selló el resultado definitivo, con cuatros goles en mi haber, pero sabiendo que el partido lo ganó realmente mi equipo con todo lo que pusieron, solo cumplí con mi parte, el lujo lo dieron ellos.


Así terminamos después de una hora y media de partido, así me iba yo con Luis pidiéndome que escriba en el blog le partido, y yo puteando por dentro mi falta de estado físico producto del sobrepeso, deseando sacarle el sobre al peso. Pero como la vida es irónica e incoherente yo tampoco me puedo escapar de eso, y escribí esta crónica de mi regreso a jugar con los grosos de la solidaria mientras me clavaba una medialuna gigante de jamón y queso.

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